Quiero huir, quiero gritar, quiero escapar… ¿lo has sentido alguna vez?
Quiero huir, quiero gritar, quiero escapar… ¿lo has sentido alguna vez?
Soy una completa idiota. Ya no sé si soy débil por no correr detrás de lo que quiero o si tengo una fuerza de voluntad acojonante. Se han inventado muchas formas de joderlo definitivamente y todas tienen una imagen al otro lado del espejo. Hay que saber dónde mirarse para que lo que viene de vuelta no se convierta en una distorsión de lo que tú esperabas encontrar.
Yo he roto todos mis espejos. Y todo por lo no querer recoger el beso que merezco con el taxímetro en marcha.
“Eva tenía problemas con las palabras. Para Eva, las palabras se parecían demasiado a esas cortinas de plástico que se instalan alrededor de la ducha: es cierto que son cortinas comprensibles, pero detrás de ellas con frecuencia se adivina la presencia de una delgada silueta entrevista que busca alguna cosa o enjabonándose. El lenguaje solía estar siempre ocupado”.
Eloy Tizón – Velocidad de los jardines
No sé hasta cuándo podrá seguir dándome igual. No sirvo para esto. Hace tiempo que ando un poco estancada en ciertas historias y me queman estas actitudes. Ya sabes, dar y que luego te hagas el longuis. Que no te enteres de nada de lo que pasa a tu alrededor. Que no entiendas, o que no quieras entender, que a todos nos cuesta un esfuerzo salirnos de nosotros mismos.
Me está doliendo más de lo que creía. Ya no sé qué significa todo esto. Me siento terriblemente torpe ante tu entereza y no tengo ganas de ser valiente.
Al final uno no tiene más remedio que aprender a calcular las emociones con lo que tiene más a mano, y yo ando controlando las mías con medidas de tiempo y espacio.
Concluyo que:
- Hay distancias salvables, según las cuales la extrañeza no depende de lo lejos que estés, sino de lo cerca que sepas reconocerte.
- Hay distancias que no se notan. Ésas que marcan las personas que saben cómo dejar huella.
- Hay gestos que acercan. Hay palabras que envuelven y momentos que tocan.
Y yo olvidé el día de ayer.
Y no lo entiendo.
Llegar tarde es ayer cuando tú estás diciendo mañana.
Decirte que te quedes cuando hace rato que te vas.
No voy a pedirte nada.
Tú no me lo vas a dar.
No tengo porqué escuchar a todo el mundo. Puedo decir, simplemente, QUE TE DEN POR EL CULO. Odio cuándo todo se termina y tienes que descubrir toda esa arrogancia. Odio pedir favores tanto como odio los domingos. Me la traen floja más cosas de las que puedas imaginar. Los detalles me duelen y me aburren los silencios. Puedo contar los amigos con los dedos de una mano y he perdido la cuenta de los amantes.
Puedo decir, simplemente, QUE TE DEN POR EL CULO. También puedo no decirlo y no acabas de decidir qué es lo más peligroso. Es posible que tengas mejores planes para cualquiera de estas noches pero hay que guardar un cierto orden. Un orden de prioridades. Hay un millón de maneras de joderlo todo definitivamente y ninguna es mejor que las demás. Si me preguntas a mi te diré que no me gusta como están las cosas pero no tengo intención de joderte. Todo cambia muy deprisa y no puedes fiarte de nadie. Puede que todo esté mal ahora pero puede que luego esté peor y todos los dedos dejan huella.
Podría haber sido mejor para todos pero entonces no habría nada sobre lo que escribir.
Me despierto -súbitamente- con una sirena de ambulancia. Miro el reloj. Puedo estar en la cama un par de horas más. Me doy la vuelta. Retuerzo las sábanas. Cierro fuerte los ojos.
Te apareces. Otra vez.
Pero no voy a pedirte que vuelvas. ¿Lo ves? Yo también soy una chica dura. No voy a agarrarme fuerte a ti.
Soy una chica dura y por eso sé que no debería decir esto pero no puedo estar controlando todas las gilipolleces que se me caen de la boca: no sé qué hacer con mi tiempo. Lo manipulo para que tome la forma de espacio-inservible-entre-visita-y-visita-a-tu-cama. Y, joder, qué ganas te tengo. No te puedes imaginar cuántas cosas estoy inventando para nosotros.
Pero soy una chica dura. Lo soy porque nunca pude ser la chica de los sueños de nadie. Hace tiempo que mi mente no construye nada que no se derrumba a cada instante. Y no quiero que los pedazos acaben dándote a ti. Que no hay sonrisa que valga un puteo ni Jack-con-hielo que ahogue una presencia. Eso tú lo sabes bien.
Soy una chica dura. Me suelto de ti. Muy, muy fuerte.
Vuelve, joder.
Otra vez he vuelto a cagarla. Otra vez he vuelto a fallar. Solo quiero devolver cada parte de esa deuda -que es eterna, para qué mentir, siempre habrá algo que te de deba- y huir. Marcharme sin el recuerdo de mi imperfección. Marcharme a un sitio donde pueda sentirme segura de verdad. A algún sitio donde no tenga que enfrentarme, cada día, a las cosas que están sin hacer, mal hechas u olvidadas. A algún sitio donde mis limitaciones no sean la base de esa debilidad mía que no sé por donde agarrar. Donde mi debilidad no me haga sentir terriblemente sola e indecisa e inadecuada.
Me conozco bien. Y sé que esto no es algo que se me vaya a pasar.
volvemos al punto inciático dolor incomprensión volvemos al eterno dilema del hasta-dónde del hasta-cúando arrastrando la fatalidad de dos mundos que no encajan aunque quieren encajar.
no finjas que no existe redención para una verdad dicha a destiempo que no constituye una mentira para un error enmendado que no es una traición. no puedo enfrentarme a la tiranía de tu perfección. no puedo.